
Supermercado Jumbo Bilbao en Santiago, Chile.
Otra propuesta fue concebida en Santiago para transformar el supermercado Jumbo Bilbao en una nueva plaza pública elevada integrada a la ciudad. La propuesta reimagina el sitio mediante un gran espacio cívico, introduciendo vida pública, áreas verdes y nueva infraestructura urbana en un entorno denso. El proyecto explora cómo la arquitectura puede recuperar territorio urbano latente y reconectar grandes edificios comerciales con la ciudad y sus comunidades.

Propuesta Plaza Bilbao por Jorge Adedo / TSAR, Santiago, Chile.
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Esta condición no es exclusiva de los edificios comerciales. Las torres residenciales, bloques de apartamentos e incluso viviendas privadas suelen contener grandes superficies de cubierta no utilizadas con potencial para soportar nuevas formas de ocupación y uso colectivo. En entornos urbanos densos donde el acceso al espacio exterior es cada vez más limitado, las cubiertas pueden convertirse en extensiones de la vida doméstica mediante jardines, terrazas, áreas comunitarias, espacios recreativos, agricultura urbana, zonas de coworking, áreas de juego o programas culturales y sociales de pequeña escala. En edificios residenciales, la activación de las cubiertas puede mejorar la calidad de vida al tiempo que fortalece la interacción social entre los residentes. Los espacios compartidos en cubierta pueden funcionar como terrazas colectivas, infraestructura verde, miradores, áreas deportivas, huertos urbanos o amortiguadores ambientales que mejoran el rendimiento térmico y la sostenibilidad. En el caso de las viviendas privadas, las cubiertas también pueden convertirse en espacios habitables adaptables que responden a los cambios en los estilos de vida urbanos y a la creciente escasez de suelo libre.
Un ejemplo notable de esta idea es ØsterGRO, una granja urbana en cubierta situada sobre un antiguo edificio industrial en Copenhague. El proyecto transforma una cubierta en desuso en un espacio verde productivo que combina agricultura, comunidad, sostenibilidad e interacción social. Más allá del cultivo de alimentos, ØsterGRO funciona como un entorno urbano compartido donde los residentes pueden reunirse, aprender y reconectarse con la naturaleza sobre el tejido urbano denso, demostrando cómo las cubiertas pueden convertirse en extensiones activas de la vida urbana en lugar de superficies olvidadas.ㅤ

ØsterGRO. Fotografía: Giuseppe Liverino
Más allá de su papel social, las cubiertas son una infraestructura ambiental cada vez más importante. Las cubiertas verdes y los sistemas de cubiertas azules están transformando las cubiertas en superficies ecológicas activas capaces de retener y liberar lentamente el agua de lluvia, ayudando a reducir la presión sobre los sistemas de drenaje urbano cada vez más afectados por el cambio climático y la densificación urbana. Estos sistemas también contribuyen a reducir el efecto isla de calor, mejorar la calidad del aire, aumentar la biodiversidad y optimizar la eficiencia térmica de los edificios. Al mismo tiempo, las cubiertas crean oportunidades para la producción de energía renovable, la gestión del agua, el cultivo de alimentos y nuevas formas de espacio público y semipúblico sobre la ciudad. En lugar de permanecer como superficies residuales dedicadas únicamente a equipos de mantenimiento o infraestructura técnica, las cubiertas pueden convertirse en paisajes elevados que reconectan arquitectura, ecología y vida urbana.
Recuperar estos espacios de cubierta no utilizados ofrece la posibilidad de redefinir los edificios como infraestructuras urbanas multicapa, en lugar de objetos arquitectónicos aislados. A través de nuevos programas públicos, áreas verdes, equipamientos culturales, espacios de ocio, infraestructura deportiva, ampliaciones habitacionales, oficinas o intervenciones de uso mixto, las cubiertas pueden convertirse en entornos urbanos activos que contribuyen tanto social como económicamente a la ciudad. La integración de múltiples usos refuerza el papel de la arquitectura como lugar de encuentro y actividad colectiva. Los programas orientados al espacio público aumentan la actividad de visitantes, fortalecen el rendimiento económico y, al mismo tiempo, elevan el valor del entorno circundante. En este sentido, la arquitectura debe responder a múltiples escalas simultáneamente: la del edificio, la del barrio y la de la red urbana más amplia.
La recuperación y activación de espacios infrautilizados ya ha demostrado su potencial urbano en precedentes internacionales. Uno de los ejemplos más claros es el High Line, una antigua infraestructura ferroviaria elevada transformada en un parque público lineal por Diller Scofidio + Renfro y James Corner Field Operations. Originalmente abandonada e inaccesible, la estructura se convirtió en una oportunidad para introducir espacio público en un entorno urbano denso. Su transformación desencadenó una importante regeneración urbana, aumentó el valor del suelo, estimuló nuevos desarrollos arquitectónicos y mejoró las condiciones ambientales y sociales en los barrios circundantes.

Los espacios públicos desempeñan un papel especialmente importante en esta transformación. Las áreas recreativas y colectivas actúan como conectores entre distintos programas y usuarios, ayudando a que los edificios funcionen no solo como lugares de consumo o habitación, sino también como espacios cívicos y sociales. Estas intervenciones mejoran la habitabilidad urbana, fomentan la integración social y generan nuevas formas de centralidad dentro de la ciudad.
Las cubiertas no utilizadas de centros comerciales, edificios residenciales, torres de apartamentos y viviendas privadas representan un territorio urbano latente dentro de las ciudades contemporáneas. A medida que los arquitectos replantean cada vez más la relación entre edificios, infraestructura y cuidado del medio ambiente, la quinta fachada emerge como uno de los espacios más estratégicos para el futuro de la arquitectura y la ciudad contemporánea.