De España y Francia a otros puntos del mundo, los incendios en campos y pueblos vuelven a devastar ecosistemas y a obligar a miles de personas a abandonar sus hogares. Detrás de cada incendio surge una pregunta que rara vez ocupa el centro del debate público: ¿son consecuencia del cambio climático, como muchos dirigentes políticos repiten casi como un mantra, o responden también a intereses vinculados a conflictos económicos y geopolíticos? Si se tiene en cuenta que, según diversas estadísticas, alrededor del 80 por ciento de los incendios tienen origen humano directo, la respuesta se hace más clara.

En el siglo XXI, la guerra ha cambiado de rostro. Las confrontaciones ya no se limitan al campo militar. Las sanciones económicas, los ciberataques, el sabotaje de infraestructuras críticas y otras formas de guerra híbrida forman parte de una nueva lógica del poder. En ese contexto, el territorio deja de ser únicamente un espacio geográfico para convertirse en un activo estratégico. El agua dulce, la energía, los minerales, las tierras agrícolas, los corredores logísticos y las zonas aptas para albergar grandes infraestructuras tecnológicas o centros de datos, se han convertido en recursos esenciales para la economía digital y la competencia geopolítica. Controlar estos activos significa fortalecer la capacidad industrial, la seguridad energética y la influencia internacional. Es precisamente en este contexto donde surge la necesidad de examinar con mayor profundidad determinados incendios que afectan espacios naturales protegidos, áreas con importantes reservas de recursos o regiones que posteriormente experimentan cambios normativos, modificaciones en el uso del suelo o el desarrollo de grandes proyectos energéticos, mineros e industriales. En este sentido, el territorio deja de ser únicamente un espacio geográfico para convertirse en un activo estratégico.

A este debate se suma otro elemento: la evolución tecnológica de los conflictos contemporáneos. La guerra híbrida incorpora capacidades cada vez más sofisticadas, desde operaciones cibernéticas y sabotajes de infraestructuras críticas hasta tecnologías avanzadas cuyo alcance y aplicaciones siguen siendo objeto de debate. Entre ellas se encuentran las denominadas armas de energía dirigida (en inglés: Directed Energy Weapons o DEW), las que tienen la capacidad de provocar incendios desde plataformas marítimas, terrestres, aéreas o espaciales, particularmente desde aviones o satélites. Entre los proyectos conocidos destacan DragonFire (Reino Unido), ATHENA y HELIOS de Lockheed Martin, el YAL-1A Airborne Laser de la Fuerza Aérea de EEUU, el sistema LaWS de la Armada estadounidense y Iron Beam de Israel.

Mientras tanto, el debate mediático suele centrarse en la denominada "crisis climática", con especial énfasis en las altas temperaturas del verano, que se repiten cada año o con mayor intensidad en determinados periodos. Estas condiciones suelen ser señaladas como un factor relacionado con la propagación de incendios. Sin embargo, nos podemos plantear otra cuestión: ¿podrían determinados actores aprovechar periodos de altas temperaturas para facilitar acciones deliberadas y posteriormente atribuir sus consecuencias al clima?

Paralelamente, recibe mucha menos atención la discusión sobre las nuevas formas de guerra contemporánea, en las que se contemplan ataques capaces de simular fenómenos naturales. Desde esta perspectiva, los incendios dejan de percibirse como catástrofes ambientales para interpretarse también como parte de una estrategia de guerra híbrida orientada al control de tierras, recursos, infraestructuras y posiciones, además de generar presiones geopolíticas y económicas. Diversos críticos sostienen que determinadas políticas asociadas a la Agenda 2030 han coincidido con procesos de concentración de la producción agrícola, adquisición de terrenos y expansión de grandes infraestructuras energéticas y digitales en manos de grandes corporaciones, desplazando a familias y pequeñas y medianas empresas.

Para quienes deseen profundizar en la dimensión geopolítica de los conflictos económicos, la competencia por los recursos estratégicos y las nuevas formas de guerra contemporánea —incluyendo el análisis de los incendios y las migraciones masivas como  instrumentos de presión geopolítica—, el libro Muros Invisibles: Bloqueos Económicos y Guerra Geopolítica desarrolla estas dinámicas desde la última década hasta la actualidad.

 

Muros invisibles: Bloqueos económicos y guerra geopolítica

Este libro presenta un análisis profundo de los conflictos contemporáneos, los movimientos ciudadanos y las crisis globales; la operación Covid-19, el Gran Reinicio, la agenda del cambio climático, los incendios a gran escala, los flujos migratorios dirigidos y las recientes guerras híbridas y por delegación, utilizados como parte de estrategias económicas y geopolíticas.