“Una hermosa escultura es entregada a un castillo, y que al ingresar se convierte en un ataque” fue una estrategia usada por los aqueos para intro-ducirse en la ciudad fortificada de Troya. El concepto filosófico y metáfora detrás de este relato, ha sido utilizado como estrategia militar o política muchas veces en la historia, y está ocurriendo también en la sociedad contemporánea.
Cuando escuchamos por primera vez la historia del caballo de Troya, pensamos lo inocentes que fueron quienes dejaron entrar a aquella escultura al castillo, pero en la actualidad también hay inocencia con respecto a nuevos caballos de Troya que están invadiendo a nuestra sociedad, de manera incluso más evidente.
La sociedad inocente les da la bienvenida a enemigos porque no comprende los peligros y es persuadida bajo ilusiones de desarrollo y avance. Las con-secuencias de la tecnología son muchas veces desconocidas, no relaciona-das ni analizadas ante la admiración de las novedades y a los intereses que esta industria representa. Hace décadas el filósofo Martin Heidegger ya había dicho que la tecnología era algo que las personas no controlaban, y estas estaban devoradas por el afán de novedad que se les presentaba a través de ella. Como parte de una invasión a la humanidad, la tecnología está siendo utilizada como un caballo de Troya contemporáneo hacía un sistema de control y vigilancia, de transformación de las personas y de la sociedad a nivel mundial. La sociedad del siglo XXI está construida sobre la base de las tecnologías digitales, y estas tecnologías, sobre la base de la electrici-dad. Gran parte de los trabajos se realizan con computadores, mientras la comunicación, la enseñanza, la diversión y la interacción humana también ocurre en cierta medida a través de medios digitales. Nuestra sociedad es tan dependiente de las tecnologías digitales y de la electricidad que, si se apagaran estos sistemas, nadie sabría qué hacer. La maquinaría tecnológica, sus complejos procesos y su relación con las diferentes áreas de la sociedad, crea una dependencia que pende de un hilo; de que los sistemas computacionales funcionen, de que tengamos internet o simplemente que tengamos electricidad. Una pequeña variación en las ondas solares, un efecto cósmico o una intervención de un grupo humano o no humano, po-dría fácilmente dejar a la Tierra sin estas tecnologías por días, años o siglos.

A través de internet, los Estados y gobiernos, corporaciones, servicios de inteligencia y servicios secretos, pueden tener acceso a prácticamente toda la in-formación que utilizan las personas. La internet es en gran medida un ins-trumento militar, como también lo son sus sistemas y aparatos asociados. Los sistemas operativos de empresas como Microsoft, Apple, Huawei y otros, los programas, sitios web y aplicaciones, contienen subsistemas para acceder a la información de cada aparato. Los servicios o redes sociales de compañías como Meta, X (Twitter), Google, WeChat y otras, son “gratis” para los usuarios, pero al mismo tiempo son tremendamente valoradas en el mercado porque transan la información de los usuarios, la venden a compañías, organizaciones y las comparten con gobiernos y servicios de inteligencia.
La amenaza del control digital
Los computadores y todo tipo de aparatos conectados a internet, desde teléfonos inteligentes, tablets, relojes, asistentes virtuales como “Alexa” de Amazon, hasta sistemas integrados y domótica en autos, buses y otros me-dios de transporte, o en casas, edificios y ciudades, son utilizados como una herramienta de espionaje y recopilación masiva de datos. A través de estos objetos, no solo pueden ejercer control directo al bloquear los sistemas cuando lo estimen conveniente o acelerar su obsolescencia literalmente programada de manera remota, que es una práctica muy común por parte de las grandes compañías de tecnología para vender nuevos productos, sino que también a través de los datos, pueden ejercer control psicológico induciendo a las personas a desear ciertos productos, apoyar ciertas tendencias, enviar mensajes del gobierno en caso de “una emergencia”, y en definitiva, controlar el comportamiento.











