El histórico expresidente de Ferrari, Luca Cordero di Montezemolo, criticó duramente la actual dirección de la compañía y el nuevo Ferrari Luce. Durante una intervención en Roma declaró: "Si dijera lo que pienso, perjudicaría a Ferrari. Se corre el riesgo de destruir un mito, lo siento mucho. Espero que al menos le quiten el 'caballito' a ese automóvil". La crítica no se limita únicamente a un nuevo modelo, sino que apunta a una transformación más profunda de la identidad de una de las marcas más emblemáticas del mundo del automóvil.

En el diseño del vehículo participó Jony Ive, antiguo responsable de diseño de Apple, a través de LoveFrom, el estudio creativo que fundó tras abandonar la compañía. El Ferrari Luce se convirtió además en el primer automóvil diseñado por este grupo, del que también forma parte el reconocido diseñador Marc Newson. El resultado podría confundirse fácilmente con un producto de Apple: un automóvil eléctrico de proporciones compactas, líneas redondeadas y una estética que se aleja de los rasgos tradicionalmente asociados a Ferrari.


Photo: Ferrari S.p.A.

Para muchos seguidores de la marca, el modelo representa una ruptura con la herencia construida durante décadas en torno al rendimiento, la agresividad visual y la exclusividad mecánica. Aunque sus prestaciones continúan situándolo entre los automóviles de alto desempeño, la crítica no se centra únicamente en las cifras, sino en el cambio de filosofía que refleja su diseño y concepto.


Photo: Ferrari S.p.A.

Para estos aficionados, Ferrari siempre fue más que velocidad: era una combinación de carácter, emoción, sonido, presencia y una identidad inconfundible. El Luce, en cambio, es visto como un vehículo que prioriza las nuevas tendencias tecnológicas y estéticas por sobre los elementos que históricamente distinguieron a la marca. Tras la presentación oficial del Ferrari Luce en Roma, las acciones de Ferrari registraron una fuerte caída en los mercados, llegando a desplomarse cerca de un 8% en la Bolsa de Milán y más de un 5% en Nueva York.


Photo: Ferrari S.p.A.

El Ferrari Luce no es simplemente un nuevo automóvil, sino que también refleja la dirección que numerosas compañías han adoptado en los últimos años. Los vehículos eléctricos han sido promovidos bajo el argumento de la protección medioambiental y del "cambio climático". En este proceso, Tesla Motors sirvió como el gancho que atrajo a millones de consumidores hacia la transición eléctrica, convirtiéndose en el símbolo de una transformación que terminó orientando a toda la industria automotriz en la misma dirección. Durante la presentación del Ferrari Luce, valorado en aproximadamente 550.000 euros (más de 640.000 dólares), el vehículo fue exhibido ante el papa León XIV en un acto cargado de simbolismo, donde la marca buscó asociar el modelo con conceptos de sostenibilidad. Sin embargo, esta narrativa poco tiene que ver con la protección del medio ambiente, ya que la fabricación masiva de nuevas tecnologías, baterías y dispositivos implica enormes costos materiales, energéticos y ambientales que suelen quedar fuera del debate público.

De esta manera, el producto también  está dirigido principalmente a un público identificado como “woke”, dispuesto a responder tanto ideológica como materialmente a los mensajes promovidos por grandes corporaciones, gobiernos y medios de comunicación. Se trata de consumidores que consideran que están contribuyendo a resolver problemas globales mediante la adquisición constante de nuevos productos tecnológicos, mientras participan en un modelo de consumo cada vez más dependiente de infraestructuras digitales centralizadas.

El automóvil eléctrico deja de ser únicamente un medio de transporte para convertirse en un instrumento dentro de una transformación más amplia de la sociedad. La conectividad permanente, la recopilación de datos, las actualizaciones remotas y la integración con sistemas digitales centralizados forman parte de una tendencia que avanza prácticamente sin oposición y que se extiende mucho más allá de la industria automotriz. Lo que se presenta como innovación, sostenibilidad o progreso, está acompañado de mayores niveles de supervisión, dependencia tecnológica y centralización del control.